Silvio Gazzaniga, las manos que tallaron la gloria
El nombre de Silvio Gazzaniga no sonará tanto como los de Pelé o Maradona, ni mucho menos, pero no es descabellado afirmar que su creación es el objeto más emblemático y reconocido del deporte mundial. Este escultor italiano fue quien diseñó y creó el trofeo de la Copa Mundial de la FIFA.
En 1970, Brasil ganó su tercer título de la Copa Mundial de la FIFA, lo que, según las normas vigentes en aquella época, le daba derecho a conservar en propiedad el trofeo Jules Rimet, por lo que se hizo necesario encargar otro.
Así pues, la FIFA puso en marcha un concurso para diseñarlo al que concurrió, entre muchas otras personas, Silvio Gazzaniga, un escultor versado en la creación de medallas y trofeos, cuya candidatura destacó de inmediato, ya que no solo envió el boceto que se solicitaba en las bases, sino también una fotografía de un prototipo, y acabó siendo el elegido.
Un objeto inconfundible
La escultura, fabricada en oro macizo de 18 quilates, de 36.8 centímetros de altura y unos 6.1 kilos de peso, representa dos figuras humanas estilizadas que se elevan desde la base para sostener un globo terráqueo.
«Tenía en mente crear algo que simbolizara el esfuerzo, el dinamismo y el júbilo de un deportista en el momento de la victoria, con toda la alegría que conlleva —explicó Gazzaniga en una entrevista concedida a la FIFA unos años antes de fallecer en 2016—. Del cuerpo compacto de la base surgen las figuras de dos atletas en el conmovedor instante de la victoria. Los anillos de malaquita de la base casaban muy bien con la escultura, porque son verdes, como un campo de fútbol, y además una piedra preciosa».
El nuevo trofeo, ahora conocido simplemente como trofeo de la Copa Mundial de la FIFA, se presentó en la Copa Mundial de la FIFA 1974, en Alemania Occidental, y la selección anfitriona fue la primera en levantarlo.
A diferencia de lo que ocurría con el anterior, ninguna nación podrá quedarse nunca con el original por muchas veces que gane el título, ya que seguirá siendo siempre propiedad de la FIFA.
Lógicamente, al equipo campeón del mundo se le entrega en el campo tras la final para que celebre su logro como se merece, pero después debe devolverlo y se le da el de esa edición concreta, del que pasa a ser dueña su federación nacional. El trofeo de la Copa Mundial de la FIFA original regresa entonces a Zúrich.
Asunto de familia
El FIFA Museum de Zúrich custodia la obra maestra de Gazzaniga desde su inauguración, en 2016. Constituye una de las piezas principales de su colección y la sala donde se aloja es un centro de peregrinaje al que todos los aficionados al fútbol acuden para verlo de primera mano y, cómo no, fotografiarlo.
Por ella han pasado también Giorgio, Gabriella y Tomaso, hijo, hija y nieto de Silvio Gazzaniga respectivamente, quienes quisieron reencontrarse con el legado familiar en lo que supuso un momento emotivo para ellos.
«Es como si fuese mi hermana pequeña», comentó Giorgio al acercarse a la obra más importante de su padre.
Tomaso Bonazzi mencionó a su vez la revolución artística que provocó su abuelo. «Gazzaniga marcó un antes y un después. Antes los trofeos eran rígidos y cuadrados. Mi abuelo introdujo un estilo nuevo: el trofeo se elaboró como una verdadera escultura, creando movimientos fluidos y cálidos dentro del material».
«Nada lo hacía más feliz que trabajar, era algo que lo llenaba por completo», recordó por su parte Gabriella.
Estas palabras reflejan la pasión que marcó la vida de Gazzaniga. Al tallar las líneas sinuosas que envuelven el trofeo y las figuras que se elevan desde su base, dio al mundo un símbolo universal de grandes aspiraciones, que sigue emocionando a todos los futbolistas que sueñan con alzarlo y a los aficionados que lo admiran en el FIFA Museum.
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